Querido Harold, la soledad isleña es buena consejera.
No puedo decir que no extrañara su humor, pero... ayer, cuando recorría nuestra isla en silencio, cuando usted, mi querido señor, se hallaba a millas de distancia de nuestro páramo, puedo decir que me invadió el drama isleño, la pasión isleña. Lady Catwick se hizo carne y sus imágenes... fueron tan matinales como este sol de setiembre...
Con la satisfacción que me significa un buen ensayo, y con la ilusión de saberlo interesado en las buenas nuevas de la isla, le dejo estas líneas y me despido hasta pronto. No deje de extrañarme ni olvide traerme souvenirs típicos.
Hasta pronto, mi Harold. Lo besa, Bety.
jueves, 6 de septiembre de 2007
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