Querido Harold, sé que estuve ausente de este, nuestro diario de vida isleña, aprovecho que sale de viaje para reivindicarme y trabajar duramente de ahora en más. Lo primero que quiero compartir con usted y con quien lea nuestro diario es una escena que nunca vamos a hacer del drama de Lady Catwick y el Capitán Seacrack. Lo besa, Bety.
Harold y Bety vestidos de calentadores y mallas. Bety lleva un tutú, Harold una casaca. Se llegan hasta la escena.
H: Es lo más teatral que encontré.
B: Estaba pensando, Harold, lo afortunados que somos.
H: Hemos decidido nuestro destino.
B: ¿Qué obra sugiere que ensayemos?
H: Me pasé toda la madrugada pensando en esto, la idea de la actuación…
B: Podríamos interpretar “la nochebuena y la pascua” de Robert Browning.
H: Permítame que sea un poco más clásico y no me conforme con tan poco. William Wordsworth es algo más “brillante”.
B: Y también hablará de Samuel Taylor Coleridge. No pienso representar un libro llamado “la rima del antiguo marinero”.
Los dos ríen.
H: Quizás sea hora de crear un drama isleño.
B: Que hable de nuestra soledad isleña. De nuestra pasión isleña. Pasión. Lady Catwick.
H: ¿Cómo?
B: No sé, salió de mí. Pasión, Lady Catwick.
H: ¿Qué dice, Bety?
B: Creo que es un personaje de una novela que me leyera mi abuela.
H: Me gustaría encarnar un héroe. Un héroe de los mares. ¿Me ve como un héroe de los mares, Bety?
B: ¿Y Lady Catwick qué sería?
H: Sea Crack. ¿Le gusta?
B: ¿Sea Crack? Me gusta.
H: Capitán Seacrack.
B: Recuerdo una velada en la mansión Sullivan…
H: Cuál es su nueva gracia, Bety, eso que dijo “Cambick”?
B: (Sonriente) Catwick, Harold.
H: No lo olvidaré, Bety. ¿Una vez más?
Los dos se ríen.
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